Caballos criollos de la Pampa

caballos

La raza argentina de caballos criollos tiene su origen en el antiguo caballo andaluz traído por los conquistadores españoles. Siendo una raza de gran fuerza y robustez, se adaptaron rápidamente a las duras condiciones de la nueva geografía y a las necesidades de los nativos y gauchos, especialmente a los de la actual provincia de Buenos Aires.

 

El antiguo caballo andaluz no tenía orígenes árabes. Los caballos que existían en los días de la conquista, en Córdoba, Sevilla y Jerez de la Frontera, tuvieron su origen en los caballos Barb (o Berber) del norte de África, traídos siglos antes por invasores moriscos.

Estos caballos, mezclados con los nativos, originaron el famoso caballo español, entonces conocido como “jinete de caballos”, refiriéndose a los guerreros de la tribu morisca, que eran eminentes criadores y guerreros.

Se expandieron en los reinos castellanos y se implementaron los deportes y las prácticas conocidas como la “escuela del jinete”, que dieron paso a las tradiciones, estilos, y  métodos para  montar que todavía se encuentran entre los gauchos de las Estancias.

La Raza Criolla nace:

Los caballos de los conquistadores dieron origen a diferentes tipos de caballos sudamericanos.

De aquellos sementales y yeguas, expuestos a diferentes climas, alimentados con diferentes pastos, empleados en diferentes tareas, los caballos descendientes se adaptaron a las geografías, a enfermedades traicioneras y  a riesgos del medio ambiente. A su vez, aparecieron  morfologías somáticas y  ciertos dones fisiológicos gracias a los cruces y selecciones impuestas por los hombres, ya sea dentro de los rebaños salvajes o de las caballerías.

 

Durante los tiempos coloniales, el caballo Criollo se convirtió en parte de la historia de esas tierras, y contribuyó a la construcción de los nuevos países. El caballo Criollo generó una cultura a su alrededor, un nuevo lugar para la expresión humana. Ayudó también a los grupos indígenas a convertirse en jinetes -Araucanos, Pampas y Tehuelches- para prolongar su libertad con la ayuda de estos animales, que se unieron a su vida colectiva, convirtiéndose en su arma, vehículo, alimento y pasión.

 

Algunos de los animales utilizados para la guerra, traídos en 1535 por Don Pedro de Mendoza, fueron puestos en libertad después de la destrucción de Buenos Aires. Gracias a las condiciones de la pampa, ese pequeño lote de caballos se adaptó y reprodujo de manera portentosa. Los descendientes formaron manadas de cientos de miles de caballos salvajes -conocidos como baguales- que fueron vistos con asombro por el conquistador español Garay cuando llegó a esos territorios en 1580.

 

La vida colonial y la tormentosa historia de la naciente Argentina giraban alrededor del ganado y los caballos. Las ventas de cuero, carne y sebo mantuvieron al país económicamente. Los ranchos ganaderos fueron manejados con caballos hasta la introducción del alambre de púas. Los gauchos emergieron como la expresión más completa del hombre a caballo.

 

Declive y nuevo ascenso del caballo gaucho criollo argentino:

Argentina era un país poblado de caballos nativos descendientes de la raza andaluza. Sin embargo, desde mediados del siglo XIX, caballos británicos y percherones fueron introducidos en el país. El cruzamiento indiscriminado se extendió en busca de caballos más altos. Sin embargo no eran muy funcionales para la guerra, el ganado o para viajar. A principios del siglo XX en algunas zonas de la provincia de Buenos Aires dejó de ser habitual encontrar criollos puros.

 

Algunos ganaderos, entre ellos el zootecnista argentino Don Emilio Solanet, notaron una situación muy grave y emprendieron la tarea de restaurar la pureza de la raza. Solanet encontró Criollos puros en las lejanas tierras de Chubut. Compró un número de yeguas y sementales de un líder indígena y los llevó en un viaje histórico de 1800 millas a su granja ‘El Cardal’ en la provincia de Buenos Aires. De ese lote de caballos, cuidadosamente preservados por el aislamiento y el celo de las tribus indígenas, resurgieron los Criollos puros. De tal esfuerzo nació de nuevo la pura raza criolla y sus rasgos lo afirmaron.

 

Entre los caballos criollos adquiridos por Solanet en Chubut, hubo dos maduros: ‘Gato’ y ‘Mancha’. Hicieron, entre 1925 y 1928, la histórica incursión Buenos Aires -New York que cubrió 22.500 kilómetros por montañas, desierto y selva. Esta es una de las más exigentes pruebas de distancia, que posicionó a la raza criolla como la mejor en las rutas más largas. Ambos caballos volvieron a El Cardal en barco y murieron a los treinta años de edad.

 

Estándar de la raza

El estándar de raza adoptado por asociaciones de criadores criollos en Argentina es: mesomorfo, altura promedio entre 1,40 y 1,50 m manos. Pecho 1,70 a 1,86, cerca de la tierra. Cabeza de base amplia y vértice fino, longitud media, cuello robusto, musculoso y ligeramente prominente. Grupa ancha y cuadrada, huesos buenos, pecho muy ancho, estructura muscular grande. Por lo general, con trote y el galope, aunque con un poco de ritmo, que sea duradera y adaptable a condiciones exigentes.

 

 

Los colores predominantes son el castaño,  roan y capas de tobiano . Las características son la franja oscura a lo largo de la columna vertebral, también conocida como “raya mula”, y las rayas como de cebra en las piernas.

 

De: https://www.criollo-horse.com/en/history-of-the-criollo-breed.html

Historia de la raza criolla escrita por Fabian Corral Burbano de Lara

 

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